El Alfatercio quiere encontrarse con sus amig@s en todos los portales del mundo para cantar villancicos, jugar a los pastores y a las tres en raya. Y desearles unos diás donde la felicidad,la amistad,la justicia, la libertad y la paz sean nuestras compañeras de viaje.
A veces El Alfatercio se queda ensimismado en observar el horizonte o en mirarse el ombligo y se le pasa el tiempo sin darse cuenta. Cuando toma conciencia de ello se va al bosque a una casita donde viven los enanitos invisibles. Juega y canta con ellos y, por arte de magia, van tomando forma humana y se les puede dar besos y abrazos.
El Alfatercio, sabe que que el pensamiento es difícil de controlar pero que no le queda otro remedio que hacerlo porque si no el pensamiento le controlará a él. También sabe que en los libros se aprende mucho pero que es más didactica la sonrisa de un niño, el perfume de una flor o la calidez de una caricia. Vivir es andar hacia nosotros y hacia los demás y tener experiencias nuevas cada día que se nos regala.
El Alfatercio, a veces, siente que se da por vencido, que abandona, que sucumbe y que no puede continuar su camino. Pero sabe que esto también pasará. La vida, aunque sea la más monótona del mundo, tiene un sentido porque es vida, porque es irrepetible y porque se merece un respeto.
El Alfatercio se encontró con el Hada de La Vida y ésta le enseñó que no hay que ser prepotente ni inmaduro. Y que la vida continúa. Que hay que tener respeto y cuidado con los detalles. Le llenó de ternura y confianza y el Alfatercio sintió que siempre estaría dentro de su corazón pasara lo que pasara y que siempre la querría mucho porque le había dado la clave de la felicidad.
El Alfatercio sabe que las palabras son tramposas, pero le gusta jugar con ellas con el ánimo de que algo auténtico de lo que hay en él llegue a los que lo leen o escuchan. Sabe que no sabe nada y que esto es necesario para vivir. Lo importante no son las respuestas sino las preguntas. Piensa, siente y actúa creyendo que su pensamiento puede influir en sus sentimientos y en sus actos. Y constantemente, estará en una actitud de aprender hasta que abandone el bosque donde vive. Sabe que no tiene la verdad y que nunca la tendrá. Prefiere las opiniones a las sentencias e intenta ayudar aunque no lo consiga.
El Alfatercio sabe que cada persona tiene su vida. Que se va construyendo de alegrías y tristezas, de encuentros y desencuentros, de errores y aciertos, de amores y desamores, de certezas y de dudas, de premios y castigos, de pasados, de presentes y de futuros.
Y que al final todas son vividas como cada persona quiere y puede.
Al Alfatercio le parecen sorprendentes algunas decisiones que toman las personas pero las entiende. Unas deciden felicitarse los meses en vez de los años. Y tan contentas y tan felices. Otras suben a las sierras despues de haber recorrido cientos de kilometros para reparar distancias. Y las más poco delicadas dicen tonterías, sin ánimo de hacer daño, cuando les piden un mínimo de atención y ayuda. Y es que hay días que...
El Alfatercio añora los besos del Paraiso, aquellos que se entretenían en llegar a su destino pero que sucumbian cargados de matices y sensaciones, dejando las penas para menos gratas andaduras. Sabe que se recoge lo que se siembra y que no hay mal que cien años dure. Y no piensa dejar esos ojos que se encontró al lado de una rosa.
El Alfatercio tiene un jardín donde las rosas juegan a ser canciones. Se miran en los arroyos y se pintan los labios para estar más bonitas. Bailan al son de los rayos de sol y sonríen ante los requiebros de los pinos. Se sienten queridas y se sonrojan ante los piropos más inesperados esperando llegar tarde o temprano ante los ojos de la que el Alfatercio espera.
El Alfatercio se olvidó de hablarse a si mismo y creyó que no estaba con él. Visitó a la Princesa del Reino de Bessaya y ésta, gracias a la sabiduria acumulada en sus duras travesias por la vida, le dio sabias instrucciones al respecto. Lo condujo por estrechos pasadizos y le puso pruebas tremendas como mirarse a un espejo y al final concluyó con una serie de aforismos que le hicieron ver la real y cruda realidad. El Alfatercio se sentó debajo de un roble, abriendo su corazón y agradeciendo su sinceridad a la bella princesa, se dijo: "Aquí y ahora, eso es todo." Para que más y para que menos.
El Alfatercio escucha las palabras que vienen de muy lejos y descifra los poemas que ellas transmiten con su carga de nostalgias y alegrías. Porque sabe que las palabras también abrazan.
El Alfatercio sabe que las lágrimas son la antesala de la risa y que sirven para desatar nudos. Llora para reír y llora para crecer. Llena palanganas de lágrimas para regar las flores de su amada que florecen una a una y se convierten en el reflejo de su belleza.
El Alfatercio espera la llegada del Hada de la Tierra para compartir molinos de risas y castillos de sorpresas. De las aguas surge y al aire le tiene respeto porque se despeina con facilidad. Ríe y está contenta porque sabe que su labor es dulce y delicada al mismo tiempo y que los límites hay que ponerlos aunque duelan.
El Alfatercio, a veces, siente de tal forma que no puede expresarse. Tiene que recurrir al Hada de La Calma, que le acoge en su regazo y le cuenta historias de seres que encontraron la paz en los ojos de su amada. Sus caricias son de tal calidad que el Alfatercio se duerme en sus acogedores brazos soñando que sueña que va a soñar con ser feliz.
El Alfatercio habla con las olas de los ríos caudalosos. Le cuentan sus andanzas por las montañas, campos y valles. Le cuentan sus tropiezos con duras rocas y como ellas tienen que convertirse también en duros tempanos de hielo. Pero de nuevo fluyen... hacia donde quieran.
El Alfatercio se ha enamorado de unos ojos que jugaban a seducir un sueño, de un corazón que anhelaba una rosa de pétalos repletos de besos y abrazos, del alma gemela que le andaba buscando desde siempre, de unas manos que forjaban esperanzas, de un futuro que es aquí y ahora, de un nombre de olas y de una mirada limpia que envuelve la vida.
El Alfatercio, unas veces está contento y otras veces está triste. Pero sabe que tiene que ser así. Que no hay lugar para la claudicación ni para la resignación. Pero si para la aceptación. Y utiliza su imaginación para crear nuevos mundos posibles. Que se pueden hacer realidad.
Al Alfatercio le gustan mucho los paises donde la lluvia es arte, donde sus frondosos paisajes se confunden con el mar, donde la gente da hasta lo que no tiene. Hace muchos amigos y amigas porque a la vez que se deja querer pone el corazón a disposición de los que le quieren. Le gusta hacer viajes e insiste mucho cuando tiene razón. Su avance en la comprensión de la realidad se la dio un gnomo, que vivía en una viña, que decía que había que ser tolerante con los demás e intransigente con uno mismo.
El Alfatercio tiene una novia que se llama Trizabe. Es la Princesa del Reino de los Tesmilinos. Esta gente es sencilla y bajita y se dedican a la construcción de norias para sacar agua de los desiertos. Trizabe es caprichosa y gentil, al mismo tiempo. El Alfatercio le permite todo tipo de desplantes porque sabe que con su sola presencia hasta la ardillas dejan la recolección para escuchar su mirada. Le gusta la libertad y cuando era pequeña quería ser gaviota. Se dormía en los brazos de las nubes y le gustaba jugar con los barrenderos que tenían escobas torcidas. Una vez se encontró con Rocinante en uno de sus viajes y se intercambiaron rumores de colores, viandas y arrumacos. Canta canciones sin letra para no herir sentimientos pero esta buscando unos versos que dirijan su horizonte.
El Alfatercio tenía un maestro que se dedicaba a coleccionar pensamientos, sentimientos y afectos. Este anciano estuvo recorriendo el mundo durante años y le gustaba recoger la sabiduria que otros iban dejando caer de sus bolsillos rotos. Aprendió lo siguiente: Que mejor que hacer lo que se quiere es querer lo que se hace. Y cuando se enfadaba con el Alfatercio le decía en voz baja: "Quiéreme cuando menos lo merezca porque es cuando más lo necesito".
El Alfatercio es como un niño, pero sin alas. Es como una marioneta, pero sin hilos. Es como un coche, pero sin ruedas. Es mullidito y redondo. Tiene el cuerpo hecho de un material parecido al de los sueños y sus ojos son del color del diamante. Tiene dos corazones, uno para los días de diario y otro para los días de fiesta.
Vive en un bosque muy lejano donde viven seres maravillosos, como las hadas, los duendes, los magos, los príncipes, las princesas y hasta un unicornio azul. Allí viven ayudándose y celebrando fiestas continuamente.
Trabaja contando cuentos a los niños y a las niñas que no tienen zapatos, porque dice que necesitan algo para andar por los caminos. Le gusta mucho viajar por los ojos de las personas y se resfría cuando ve a una criatura llorar. Disfruta haciendo castillos en el aire con almenas de chocolate y dragones risueños.
No le gusta que le digan lo que tiene que hacer. (Como a cualquier persona.)
Cuando ríe, el sol viene a visitarlo y se van a dar un paseo. Cuando está triste, los pájaros juegan con él al ajedrez.
Se equivoca muchas veces cuando va por la ciudad. Se confunde con las calles y siempre llega a otro lugar distinto del que iba, pero sabe que todos los caminos conducen a Roma. Y que se aprende de los errores.
Sabe muchas cositas: Hacer círculos cuadrados, pescar resfriados, saltar los charcos, pintar canciones. Y también sabe que necesita leer y estudiar mucho, porque uno no termina nunca de aprender en toda su vida.
Le gusta mucho tener amigos y amigas. Disfruta con ellos y les está muy agradecido, porque dice que son imprescindibles para saber quienes somos, para despertar en nosotros los sentimientos más grandes, para jugar con ellos cuando estamos contentos, para ayudarnos cuando estamos tristes y para crecer como personas. Dice que los necesita para seguir viviendo y que todas las personas deberían tener por lo menos un amigo o una amiga. Escribe cartas con tinta invisible, porque lo esencial es invisible a los ojos.
Baila danzas que le enseñaron en el País de los Pasos Perdidos.
Y sobre todo, le gusta dar y recibir besos y abrazos porque una vez leyó en un libro lo siguiente: “SIN AFECTO, NI SE CRECE NI SE APRENDE”.